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Saberes populares sobre las víboras... que no siempre responden a la realidad

Jorge Washington Ábalos (1915-1979), humanista y brillante científico, trata aquí el tema del ofidismo, pero no desde el punto de vista zoológico-médico sino a través de las tradiciones y consejas que en nuestros países se han transmitido de padres a hijos. Esta es sólo una parte de los muchos decires folclóricos conservados –y que aún hoy se tejen– en relación con esos reptiles.

Extraído de ¿Qué sabe usted de víboras?, por Jorge W. Ábalos. Ed. Losada, Biblioteca Clásica y Contemporánea, Buenos Aires: 1977

Las personas mordidas no deben beber agua. Ignoro el origen de la creencia de que «el agua es mala para el envenenamiento». Según parece, la gente cree que «disuelve la ponzoña y la desparrama». Las consecuencias serían una intoxicación general que lleva a una muerte irremediable. Está tan arraigada la creencia en el norte de la Argentina que hasta los enfermeros de los hospitales rurales se niegan a dar de beber a los enfermos ofídicos. He visto en esas áreas personas «picadas» por serpientes y que se negaban a recibir líquido, a pesar de estar deshidratadas por el intenso calor.

 

 

La víbora fascina a su presa para inmovilizarla.
En el serpentario, y con los muchos miles de víboras que por él han pasado, nunca he visto nada que haga sospechar poderes hipnóticos. Cuando echo una presa a los ofidios que aceptan alimento en cautiverio el ataque suele ser violento y directo. Además, en la literatura mundial no he leído que ningún especialista acepte el hecho como posible. Quizás ocurra que el terror inmovilice al animal atacado. Además, la rata mordida por una víbora venenosa queda entorpecida por acción de la ponzoña, y la parálisis le toma enseguida el tren posterior. Tal vez es en esas condiciones que pareciera estar sometida a la influencia magnética de la víbora.

La sonaja de la cascabel mejora el sonido de la guitarra. Esta creencia se conoce desde México hacia el sur (de México al norte no tiene vigencia porque allí la gente carece de imaginación... salvo los tejanos, que son tan locos como nosotros). Que mejore el sonido, no lo sé; pero colóqueselo a su guitarra, eso le dará estatus en su peña folclórica [reunión de canto y baile].

Hay víboras que maman leche de vacas ... y mujeres. Entre las culebras inocuas para el hombre hay especies ofiófagas, especializadas en comer serpientes. En América, la más célebre cazadora de víboras es la «mussurana» (Cloelia cloelia), llamada limpia-monte y mamadeira en el Brasil, enlutada en el norte argentino, cazadora negra y terciopelo en Colombia, y víbora negra en casi todos los países centro y sudamericanos en los que habita. En todas partes la persigue una curiosa leyenda popular, que la acusa de acercarse a la casa del hombre cuando hay una mujer que cría, trepar sutilmente a la cama a oscuras, mientras la mujer entredormida amamanta al niño, retirarlo del pezón materno, introducirle su cola en la boca para que no llore y dedicarse luego a mamar ella, golosamente. Las consecuencias de esta excursión, realizada noche tras noche, son que el niño enflaquece y a la mujer se le seca el seno. Se dice también que a las vacas con terneros les manea [ata] las patas con su largo cuerpo, y mama de las tetas.

Representación de la víbora de cascabel en una pintura de Teotihuacán.
Representación de la víbora de cascabel en una pintura de Teotihuacán.


El esquema muestra la ubicación de la glandula ponzoñosa y el canal conductor de veneno de una serpiente
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