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Los estudios acerca de las interacciones entre ingesta y demencia requieren cambios en sus diseños y desarrollos
The Lancet Healthy Longevity Los Angeles, EE.UU. 22 Septiembre, 2022

La interacción de los patrones dietéticos con los factores de riesgo de demencia requiere investigaciones pragmáticas, a gran escala y multimodales. Las futuras intervenciones dietéticas arrojarían resultados inmediatos que podrían centrarse en la reducción del factor de riesgo de demencia. 

Keck School of Medicine of USC | Leaders in medical education, research and  patient carePara comprender la discrepancia entre la investigación epidemiológica y los ensayos clínicos, el Grupo de Trabajo de Nutrición para la Prevención de la Demencia de la UCS invirtió dos años en evaluar la literatura relacionada con la nutrición y el riesgo de demencia.

El estudio, recién publicado en la revista The Lancet Healthy Longevity *, además de identificar las principales limitaciones de los ensayos existentes que analizan la forma en que la nutrición afecta la salud mental, ofrece un conjunto de recomendaciones para guiar y mejorar la investigación futura.

El diseño y desarrollo de intervenciones nutricionales más enfocadas en biomarcadores (es decir, ensayos de nutrición de precisión) puede ofrecer una forma rigurosa de garantizar que una intervención alcance los umbrales objetivo de nutrientes dietéticos o metabolitos relacionados con resultados primarios sensibles a las intervenciones.

Buena parte de los documentos que abordan la relación entre alimentos saludables y la salud mental contienen recomendaciones dietéticas. Algunos de ellos refieren a estudios observacionales que sugieren un vínculo entre la ingesta mayor o menor de ciertos alimentos y el riesgo de demencia.
Sin embargo, la investigación clínica que intenta conectar nutrientes o dietas específicas con la función cognitiva no encontró evidencia convincente que ratifique tales posturas.

"Muchos ensayos no demostraron que comer saludablemente o practicar ejercicio se traduzca en beneficios anhelados por la investigación epidemiológica", dijo Hussein Yassine, profesor asociado de medicina y neurología en la Escuela de Medicina Keck y la Cátedra Kenneth y Bette Volk de Neurología de la Universidad del Sur de California (USC), EE.UU. "Eso significa que no existe conexión causal o que estos estudios no fueron diseñados adecuadamente".


La investigación nutricional presenta desafíos únicos
Yassine señala que la investigación sobre nutrición en general es difícil de ejecutar bien. Los estudios epidemiológicos muestran, por ejemplo, asociación entre una menor incidencia de demencia en las personas que comen mariscos y pescados grasos como el salmón.
Pero es difícil separar la información nutricional de otros factores que también podrían desempeñar un papel: el lugar donde vive la persona, los estilos de vida saludables concurrentes y el acceso o no a la atención médica adecuada.

Es posible que la mayor parte de la investigación clínica sobre alimentos y salud mental no se haya llevado a cabo durante un período de tiempo lo suficientemente largo como para que los resultados sean significativos puesto se desconoce cuánto tarda una dieta saludable en afectar la cognición.
"Si toma de cinco a diez años", dijo Yassine, "entonces los estudios que duraron dos años o menos no reflejan con precisión el efecto de la dieta en la cognición".

La investigación futura también mejorará si se realizan más investigaciones para comprender la cantidad de nutriente específico necesario para lograr una salud mental óptima. Por ejemplo, existe un nivel aceptado de vitamina D para la salud ósea, pero no se puede decir lo mismo de los nutrientes que se supone afectan la salud cognitiva.

Las nuevas tecnologías y áreas de investigación
El grupo señala que el uso de biomarcadores en lugar de pruebas cognitivas, la herramienta más utilizada para analizar el éxito de una intervención, puede conducir a resultados inmediatos más significativos que orientarían intervenciones más prolongadas dirigidas a resultados clínicos.

La tecnología, como las imágenes cerebrales, pueden ser eficaces para rastrear los cambios en el tiempo. Asimismo, el grupo señala que el análisis de las muestras de sangre o heces para ciertos biomarcadores, como la ingesta subóptima de un nutriente específico, también es factible de usar para seleccionar a los mejores participantes y ayuda a determinar si responden a la intervención en estudio.

Las pruebas genéticas también pueden ser una herramienta eficaz, según Yassine, que estudia la apolipoproteína E4, o APOE4, factor de riesgo genético clave para la aparición tardía de la enfermedad de Alzheimer.
La invstigadora señaló que las personas con esta variante genética responden a la dieta de manera diferente respecto a los no portadores.
En este sentido, las pruebas genéticas mejorarían la calidad de la investigación con intervenciones más personalizadas.

El conocimiento emergente sobre el microbioma también elevaría la calidad de los resultados de la investigación. Yassine acotó que las personas se benefician de los alimentos de manera diferente según las diferencias en el microbioma: "no se puede estudiar completamente cómo funciona la dieta sin estudiar el microbioma".

Además, el artículo se hace eco de la necesidad de una mayor comprensión de la relación subyacente entre la microbiota intestinal y la cognición verificada en poblaciones numerosas compuesta por individuos diversos.

Un nuevo enfoque
Finalmente, el grupo concluyó que los investigadores deberían considerar la aplicación de una mayor variedad de diseños de estudio, no solo ensayos controlados aleatorios y, a su vez, perfeccionar la elección de los participantes.

A modo de estrategia, los autores recomiendan diseñar ensayos pequeños y personalizados para evaluar -mientras se utilizan biomarcadores que reflejan las funciones cerebrales- el riesgo genético de los participantes, la calidad de su dieta y el análisis de su microbioma.
Otro enfoque consistiría en diseñar grandes ensayos de salud electrónicos pragmáticos dirigidos a personas con factores de riesgo de demencia; en estos casos proponen recopilar datos mediante teléfonos móviles o tablets.

Si bien hasta la fecha gran parte de las investigaciones pusieron el foco en personas mayores, varios estudios calificados de cohortes sugieren que la media de edad significaría el momento óptimo para comenzar la investigación. El momento permitiría anticiparse a los cambios asociados con la demencia, situación ésta que facilitaría seguir las modificaciones a lo largo del tiempo.

Los investigadores señalan que los estudios deben atender las preferencias dietéticas de los grupos subrepresentados, algunos de los cuales se ven afectados de manera desproporcionada por la demencia.

"Este es un documento importante para quien investigue acerca de la dieta y su relación con la demencia", dijo Lon Schneider, profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Escuela de Medicina Keck, cátedra Della Martin de Psiquiatría y Neurociencia.
El Dr. Schneider integra además la comisión de la revista The Lancet abocada a la prevención, intervención y atención de la demencia.
"Es importante que los ensayos futuros produzcan resultados precisos con posibilidades de traducirse en una mejor atención clínica para los pacientes".

"Nos complace contribuir a este grupo de trabajo con la intención de ayudar a convertir recomendaciones en realidad", dijo Heather M. Snyder, vicepresidenta de relaciones médicas y científicas de la Asociación de Alzheimer de EE.UU.

 

* The Lancet Healthy Longevity
Nutrition state of science and dementia prevention: recommendations of the Nutrition for Dementia Prevention Working Group
Hussein N Yassine, Cécilia Samieri, Gill Livingston, Kimberly Glass, Maude Wagner, Christy Tangney, et al.

Vol 3, Nº7, E501-E512, July 1, 2022
DOI:https://doi.org/10.1016/S2666-7568(22)00120-9