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Historia con Salud
 

UN TRABAJO DE APENAS 28 LINEAS LE BASTO A J. BABINSKI PARA COMUNICAR SU HALLAZGO

París, 1896: descripción del signo piramidal de Babinski

   
   

El signo piramidal descripto por Babinski en 1896 es el más sensitivo y contable.
Transcurrido un siglo,
no ha podido ser menoscabado por otras alternativas de más reciente hallazgo [Spinel].

Berna, Suiza - Este trabajo del doctor C. Bassetti, neurólogo del Inselspital de Berna, recuerda los cien años de la descripción del signo de Babinski. El autor señala que la retracción de los miembros paralizados con la estimulación plantar, actualmente denominada «reflejo de la masa flexora», fue inicialmente reconocida por Prochaska en 1784, aunque sólo en 1833 Hall la interpretó como un reflejo medular. El que hoy conocemos como «signo clínico de Babinski», consistente en la dorsiflexión del dedo hállux del pie -que puede o no estar acompañada por la extensión en abanico de los demás dedos-, y la diferenciación entre la respuesta plantar fisiológica y la patológica, había pasado inadvertido hasta la descripción realizada en 1896 por quien le dio su nombre. Joseph-FranQois-Félix Babinski descubrió la dorsiflexión del dedo gordo del pie como resultado de una búsqueda sistemática de signos y reflejos que pudieran diferenciar la hemiparesia histérica de la orgánica, un tipo de diagnóstico diferencial que fascinaba a los neurólogos de fines del siglo XIX. En un trabajo de apenas 28 líneas de texto, Babinski comunicó el 22 de febrero de 1896 la existencia del fenómeno, y sugirió su posible relación con determinadas perturbaciones orgánicas del sistema nervioso central (Comptes Rendus de la Société de Biologie [1896] 3: 207-208). En 1898 propuso en Sémiologie Médique la conveniencia de probar la existencia de ese reflejo sin advertencia previa al paciente, quien debía permanecer acostado con los ojos cerrados, mientras se sostenía la pierna levemente elevada y flexionada. Señaló, además, que la intensidad de la estimulación podía variar de un paciente a otro, que el reflejo tenía un umbral mínimo en el lado lateral de la planta del pie y que la respuesta podía incrementarse si se transmitía calor al pie. En los dos años transcurridos desde su primera comunicación, Babinski había notado la presencia de este fenómeno en recién nacidos sanos y en pacientes con deficiencias motoras de origen medular o cerebral. Considerando su ausencia en sujetos con histeria, miopatía y neuropatía, sugirió la existencia de una relación entre el reflejo plantar y las alteraciones del tracto piramidal; señaló también que, por otra parte, no parecía existir relación entre el signo y la gravedad del déficit motor. En 1903, Babinski describió la asociación ocasional de la dorsiflexión del dedo mayor con la abducción de los otros dedos («signo del abanico»), reconociendo que, de todos modos, también estaba presente en personas normales (Revue Neurologique [1903], 11: 728-9).

Conjeturas

En un principio Babinski había creído que el signo que hoy lleva su nombre correspondía a una alteración de un reflejo fisiológico, en que subsistía la triple reacción pero la flexión plantar normal de los dedos estaba «invertida», con extensión del primer dedo y abducción de los restantes. Más adelante, cuando otros investigadores comenzaron a considerar su signo como parte de una reacción plantar patológica, sugirió que los componentes distal y proximal del reflejo eran diferenciados.

Babinski, hijo de un ingeniero polaco que había sido héroe de la resistencia de su país contra la ocupación rusa durante los acontecimientos revolucionarios de 1848, nació en París en 1857. Es probable que Joseph-François transcurriera sus primeros años en el Perú, adonde había emigrado su padre Alexandre para ejercer su profesión de ingeniero. Lo cierto es que el joven franco-polaco recibió su título de médico en París en 1886, tras haber estudiado con Cornil y Vulpian y haberse desempeñado como interno en el Hospital La Pitié. Su tesis de doctorado versó sobre la patología de las placas medulares en la esclerosis múltiple. En ese mismo año de 1886, el gran neurólogo Jean-Martin Charcot lo nombró chef de clinique en su hospital de la Salpêtrière. En 1888, Babinski y su colega Gilles de la Tourette no pudieron superar un examen de admisión a la enseñanza universitaria por la manifiesta enemistad del presidente del jurado, Charles Bouchard, quien como rival acérrimo de Charcot no podía aceptar el éxito de dos de los discípulos de éste. Cerrado el acceso a la enseñanza, que no volvió a intentar, Babinski fue nombrado médico del hospital La Pitié de París en 1890, y allí permaneció hasta el término de su carrera.

El gran científico, que jamás se casó, era amante de la danza clásica, la música (fue médico del teatro de la Opéra, en París) y los viajes. Afectado por la enfermedad de Parkinson, se jubiló en 1923. Murió en París el 20 de octubre de 1932, y sus restos descansan en el cementerio polaco de Montmorency.

«Sin titulo»
Ilustración de Ken Jacobsen.


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