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Las picaduras de escorpión afectan a la población pediátrica con más complicaciones y síntomas graves
Iatreia Neiva, Colombia 13 Enero, 2022

El escorpionismo es un problema  infravalorado de salud pública, con una incidencia importante y creciente en varios países de América. De las personas afectadas, la población pediátrica es la más propensa a desarrollar complicaciones y síntomas graves.

Se define escorpionismo, o escorpiotoxicosis, al conjunto de síntomas y signos generados como consecuencia de la picadura de un escorpión.
Estos eventos tienen una alta incidencia mundial, con alrededor de 1.200.000 casos anuales y más de 3.250 muertes que representan una tasa de mortalidad del 0,27 % (8,14).

Causas del incremento
Debido a la progresiva expansión del hombre cada vez más intrusiva en los ecosistemas de los escorpiones, se presenta un aumento de la infestación en los hogares dentro de las ciudades.

El estudio observacional y retrospectivo publicado por la revista colombiana Iatreia* evidencia que el 54% de los pacientes atendidos en el Hospital Universitario Hernando Moncaleano Perdomo (HUHMP) de Neiva, procedían de zonas urbanas. Los pacientes sufrieron escorpiotoxicosis, diagnosticados y tratados entre el 2014 y 2018.

Se encontraron un total de 350 registros clínicos de pacientes atendidos en el HUHMP con diagnóstico de escorpionismo en un periodo de 5 años, de los que se excluyeron 35 por diversas razones.

Para el análisis fueron incluidos, finalmente, 305 casos en total: 108 notificados en el 2018 (35,45 %), 95 en el 2017 (31,14 %), 64 en el 2016 (20,98 %), 21 en el 2015 (6,88 %) y 14 en el 2014 (4,59 %).

Los escorpiones son comunes en regiones tropicales y subtropicales: el caso de Centro y Sudamérica, África del Norte, Oriente Medio y Asia del Sur, en donde representan un problema de salud pública (15,16).

En América los escorpiones pertenecientes a dos géneros son los que tienen la mayor relevancia médica.
En Norteamérica y Centroamérica las especies del género Centruroides causan los principales casos graves, mientras en Sudamérica y el Caribe el género Tityus es el más importante. Ambos pertenecen a la familia Buthidae.

En países como Brasil se ha presentado un aumento exponencial de casos desde el 2010; solo el 2017 se reportaron 125.000 eventos, lo que significa una incidencia de 59,7 casos/100.000 habitantes y en México de 200.000 a 250.000, con mayor cantidad de eventos fatales en la población pediátrica.

Por lo general, se asume que la población masculina del área rural, expuesta a labores de ganadería y agricultura, tiene un mayor riesgo de tener contacto con estos animales, principalmente aquellos relacionados con los cultivos de banano, caucho y borojó, cuya cobertura y densidad arbustiva son alta.

"En nuestro estudio se encontró un mayor número de casos en la población masculina al igual que en otros estudios similares. Sin embargo, no se puede asegurar que esto se relacione exclusivamente con hábitos agrícolas, ya que la mayoría de los casos residían en áreas urbanas, sumado al hecho de que también hubo una cantidad importante de casos en la población femenina", describen los autores en Iatreia, revista especializada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, Colombia.

Con respecto al grupo etario, la mayoría de casos se presentaron en pacientes menores entre los 0 y los 11 años, seguido por el intervalo de edad entre 19 y 59 años; datos que guardan relación con los hallazgos en la literatura  y que se explican, probablemente, porque los pacientes pediátricos en edades tempranas no reconocen el peligro que representan estos animales y tratan de manipularlos sin precaución.

Otra explicación factible relaciona las actividades diarias del hombre como calzarse, vestirse, moverse en la cama y la remoción de escombros intra y extradomiciliarios, con un mayor riesgo de contacto. Lo anteriormente mencionado explica también que, a pesar de que estos animales tienen hábitos nocturnos, los accidentes se pueden presentar en cualquier hora del día, por lo general en horas de la mañana cuando se inician las actividades humanas. Los autores suponen que esto también motive "que el 80% de las picaduras reportadas en el presente estudio ocurrieran en las extremidades inferiores y superiores, además de otras localizaciones como el torso, la cabeza, los glúteos y el abdomen."

En cuanto al cuadro clínico, las manifestaciones pueden variar dependiendo del predominio de la estimulación colinérgica o adrenérgica, con alteraciones locales y sistémicas a nivel cardiorrespiratorio, gastrointestinal y neurológico.
Las picaduras fueron asociadas con dolor, parestesia, edema y eritema y dentro de los síntomas sistémicos con náuseas, hipertensión, diaforesis, dolor abdominal, emesis recurrente y algún grado de compromiso neurológico. Estas manifestaciones locales más comunes observadas en el trabajo se presentan de forma precoz entre los 10 y 30 minutos posteriores a la picadura.

Otro aspecto importante sobre la presentación clínica se relaciona con el desarrollo de complicaciones y síndromes más graves en los pacientes pediátricos: "el análisis realizado en nuestro estudio muestra que del total de la población pediátrica el 59% desarrollo cuadros moderados o graves, cifra que representa un valor elevado si se compara con el porcentaje de los pacientes adultos-jóvenes (15,1%) y adultos-mayores (4,8%)", precisa el artículo en el segmento Discusión.
Sin embargo, respecto a la gravedad, aclaran los autores que también depende de la especie de escorpión, el número de picaduras y la cantidad de veneno que ingresa al organismo.

Sobre los hallazgos paraclínicos, otros trabajos mencionan alteraciones de los tiempos de coagulación, elevación de la glicemia debido a la acción de las hormonas contrarreguladoras, aumento de la amilasa pancreática causada por el efecto colinérgico y de obligatorio seguimiento en casos de pancreatitis y afectación miocárdica y muscular produciendo elevación de la troponina y creatinina.

Debido al compromiso hemodinámico, puede existir lesión hepática y alteraciones de las transaminasas, de igual forma puede presentarse leucocitosis secundaria a la tormenta autonómica y un aumento del hematocrito debido a la fuga vascular.
En la ecografía cardiaca se puede evidenciar disfunción ventricular al igual que alteraciones en los trazados del EKG, y en la radiografía de tórax es posible encontrar infiltrados y edema pulmonar unilateral o bilateral.

En el artículo los autores advirtieron hiperglicemia e hiperamilasemia, principalmente en pacientes graves; unos pocos casos de infiltrado pulmonar fueron reportados en la radiografía de tórax.
Ningún paciente desarrolló pancreatitis como complicación.

Finalmente, el análisis bivariado encontró una relación estadísticamente significativa entre la clasificación del paciente grave y la necesidad de un mayor número de ampollas de antiveneno, soporte hídrico e inotrópico más frecuente y, en ocasiones, requerimiento de ingreso en la UCI.
Esto concuerda con los reportes en la literatura de un mayor riesgo de mortalidad en los pacientes con cuadros clasificados como graves.

Los autores reconocen que, debido al diseño de su estudio,  la limitación principal radica en la falta de identificación taxonómica de las especies implicadas, factor que se relaciona estrechamente con la gravedad del cuadro clínico.

Un cuadro grave por picadura de escorpión en cualquier edad aumenta la probabilidad de ingresar a la UCI, mayor requerimiento de soporte hídrico e inotrópico y la utilización de antihipertensivos y dosis elevadas de antiveneno.

Finalmente, sería aconsejable iniciar un programa de vigilancia epidemiológica para los accidentes escorpiónicos, designándolo como un evento de notificación obligatoria, mejorando la red de información sobre estos casos y direccionando adecuadamente los insumos médicos con el fin de reducir la mortalidad.


La página del informe cita la abundante bibliografía consultada por los autores.
SIIC 

* Iatreia
Aspectos epidemiológicos, clínicos y paraclínicos del accidente escorpiónico en el Hospital Universitario de Neiva, Colombia
Daniel Felipe Reyes-Vega, Juan Fernando Bermúdez, Kenny Buitrago-Toro, Silvana Jiménez-Salazar, Adriana Zamora-Suárez
Oct./dic. 2021

https://doi.org/10.17533/udea.iatreia.90

 

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