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"La realidad de la pandemia y la educación en ciencias de la salud: ¿vivimos una realidad alternativa?"
Investigación en educación médica Ciudad de México, México 21 Enero, 2022

La revista mexicana Investigación en educación médica* dedica el número actual a una variedad de aspectos de la educación en ciencias de la salud relacionados con la Covid-19 y con la docencia médica en general.
El Dr. Melchor Sánchez Mendiola, director de la colección, presenta el contenido del ejemplar de junio 2021 con reflexiones certeras que describen los avatares de la enseñanza en tiempos pandémicos.

Los párrafos que acompañamos representan una síntesis de su artículo: 

“La vida es una serie de cambios naturales y espontáneos. 
No los resistas; eso solo crea tristeza.
Deja que la realidad sea la realidad.
Deja que las cosas fluyan naturalmente hacia adelante
en cualquier forma que deseen.”
Lao Tzu

Los educadores de profesiones de la salud, cuando en el año 2050 vean con curiosidad hacia el pasado, se preguntarán qué pasaba por nuestras mentes mientras vivíamos el torbellino de la pandemia confinados en nuestros domicilios, con los dispositivos tecnológicos y las pantallas como nuestras ventanas de acceso a la realidad del mundo.

Se divertirán con nuestros videos en el equivalente futuro de YouTube y, con una actitud tal vez condescendiente y con un toque de curiosidad y morbo, se encogerán de hombros y continuarán con sus vidas pensando que pudimos haber hecho mejor las cosas.
Seguramente los avances tecnológicos de las siguientes décadas harán palidecer a los sofisticados dispositivos con los que hoy contamos y, probablemente, si continuamos sin hacerle caso a la historia, la brecha digital y socioeconómica será tan grande o mayor que en la actualidad. Lo que es un hecho es que el año 2020 fue un parteaguas en nuestras costumbres vitales, modificando nuestras interacciones, la comunicación, el trabajo, la enseñanza y la investigación, actividades que se tuvieron que adaptar a los contactos predominantemente a través de Internet.
Por otra parte, el brusco freno que ocurrió en la atención de la salud de todo lo que no es COVID19, ha causado un sinnúmero de efectos que todavía no alcanzamos a comprender, evaluar y enfrentar: las consultas de seguimiento de niño sano; las inmunizaciones con los esquemas de vacunas de niños y adultos; el control y tratamiento de pacientes con diabetes mellitus, hipertensión, cardiopatías, trasplante de órganos; el diagnóstico temprano y manejo de todo tipo de padecimientos oncológicos: las intervenciones quirúrgicas programadas; la atención de la salud mental, entre muchas otras facetas que se han visto afectadas en el complejo sistema de atención de la salud.

En consecuencia, todos los eslabones de la cadena educativa de los estudiantes de profesiones de la salud y los docentes encargados de su entrenamiento, se han visto rotos en mayor o menor grado, con muchas escuelas y universidades cerradas a las actividades que involucran presencia física, así como los hospitales y clínicas dedicados a atender primordialmente los efectos de la pandemia. Esto ha afectado las actividades clínicas programadas en el sistema de salud, las rotaciones balanceadas de acuerdo al currículo, la participación presencial en laboratorios y centros de simulación, y los tiempos que el profesorado clínico que atiende pacientes puede dedicarle a los estudiantes para mentoría, asesoría, realimentación y enseñanza directa. Todos nosotros, en mayor o menor grado, nos hemos visto inmersos en una serie de actividades sincrónicas y asincrónicas que nos hacen cuestionarnos cuál es la verdadera realidad, la que captan directamente nuestros órganos de los sentidos en el entorno físico inmediato, o los pixeles que captamos al interactuar con las imágenes digitales bidimensionales y sonidos que recibimos a través de nuestros dispositivos.

Situaciones como la presente mueven profundamente nuestro núcleo, nuestra esencia humana, y nos hacen cuestionar las premisas, usos y costumbres bajo las que estábamos acostumbrados a funcionar. Cada semana que mi teléfono celular y la tableta me dan las estadísticas porcentuales de qué tanto bajó o subió mi tiempo en la pantalla durante la semana, me pregunto qué tanto estoy dilapidando mi tiempo personal en actividades virtuales, algunas de las que difícilmente podrían ubicarse en la definición de “vida humana saludable”. Muchos sentimos esa frustración que nace de no ser totalmente dueños de nuestros tiempos, de la presión social, laboral y educativa que nos empuja inexorablemente a llenar cada vez más los pocos espacios de tiempo disponibles en nuestros días, con sesiones, clases y reuniones por Zoom o sus equivalentes. Si no me creen, los invito a ver su calendario y programación de actividades. Cada vez hay menos bloques de tiempo vacíos para reflexionar, aburrirse o, simplemente, desconectarse en todos los sentidos de la palabra.

Retomando la cita de Lao-Tzu al principio de esta editorial, la realidad es inescapable, y si bien hay que hacer lo que esté de nuestra parte para construir y modificar nuestra propia realidad, es importante adaptarse a este nuevo entorno intensamente virtual, buscar las maneras de realizar con profesionalismo y entereza las tareas profesionales y docentes que nos corresponden, así como explorar nuevas maneras de utilizar los recursos con que contamos actualmente, colocando siempre al frente el bienestar del paciente, de los educandos y de nosotros mismos como docentes, para transitar del uso improvisado y poco informado de los dispositivos y plataformas tecnológicas a un uso más académico y con sustento educativo. Ello es fundamental para mantener la cordura, al tiempo que respondemos con asertividad y resiliencia al reto de la pandemia y lo que venga después.

... El uso de estas plataformas de videoconferencia requiere involucrar a los estudiantes para que tengan participación activa en las sesiones virtuales, para que, al final del día, tengamos una sensación de mayor satisfacción y menos fatiga con nuestro trabajo educativo. Hoy es Zoom, mañana será la realidad virtual aumentada, el uso de tecnología háptica, inteligencia artificial, aprendizaje rizomático, entre muchas otras herramientas que conformarán el abanico de opciones educativas del futuro no tan lejano. Las innovaciones deben ser adoptadas con un sano escepticismo, pero con el espiritú abierto a métodos y herramientas que no habíamos utilizado antes. Es importante dejar de ser tan conservadores, manteniendo alerta el ojo clínico y el espíritu crítico del buen académico. En un afán de ver la situación actual con optimismo, están apareciendio publicaciones sobre el uso de la plataforma de Zoom para realizar trabajos de investigación cualitativa, por lo que es pertinente incorporarla en nuestro arsenal de herramientas investigacionales.
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Recordando una de las famosas frases de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, “no tiene utilidad volver al ayer, porque entonces era una persona distinta”, creo que a más de un año del inicio de la pandemia, debemos vivir plenamente el hoy y prepararnos para el mañana. No tiene mucho sentido estar quejándose todo el tiempo y con acento nostálgico de lo hermosa que era nuestra vida antes de la pandemia, debemos enfrentar el enorme reto que tenemos como docentes para que los estudiantes que se están formando en el fragor de la batalla contra el virus, adquieran las habilidades, conocimientos y aptitudes necesarias para ser mejores profesionales que nosotros. ¡Hoy somos personas distintas!



* Investigación en educación médica
La realidad de la pandemia y la educación en ciencias de la salud: ¿vivimos una realidad alternativa?
Melchor Sánchez Mendiola, Editor en Jefe, Facultad de Medicina, UNAM
vol.10 no.38 Ciudad de México abr./jun. 2021
Epub 6-Dic-2021
https://doi.org/10.22201/fm.20075057e.2021.38.21359


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