Conceptos Categóricos

LA PRODUCCIÓN CIENTÍFICA ARGENTINA DEBE EDITARSE EN MEDIOS LOCALES ESPECIALIZADOS

Es imprescindible superar la discriminación a que son sometidos los autores que escriben y editan sus documentos científicos en medios locales, como asimismo respaldar a los editores especializados, asociaciones profesionales e instituciones que producen publicaciones científicas en la Argentina.

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Autor:

Rafael Bernal Castro
Sociedad Iberoamericana
de Información Científica (SIIC)
Director Editorial

Presidente de la Fundación SIIC para la promoción de la Ciencia y la Cultura, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Artículos publicados por Rafael Bernal Castro
Editado en: Salud(i)Ciencia, 17 N° 4, Marzo, 2010
Primera edición virtual en: siicsalud 15 de Enero, 2006

Clasificación en siicsalud
Editoriales

Especialidades
Principal: Educación Médica
  Relacionadas: Atención Primaria, Bioética, Salud Pública

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Rafael Bernal Castro, Fundación SIIC, Av. Belgrano 430, 9º, C1092AAR, Buenos Aires, Argentina, E-mail: rafael.bernal@siic.info

Artículo completo
LA PRODUCCIÓN CIENTÍFICA ARGENTINA DEBE EDITARSE EN MEDIOS LOCALES ESPECIALIZADOS

Los estudios científicos se corresponden con los intereses sociales, políticos, económicos y, en algunos casos, hasta militares de los países que poseen condiciones para solventarlos.

Las revistas predilectas editan trabajos vinculados a los temas predominantes, generalmente relacionados con los asuntos que acaparan la atención del mundo geocientífico al que pertenecen. Salvo excepciones, los artículos de América latina les resultan poco atractivos pese a que algunas de ellas ofrecen espacios para incluir curiosidades étnicas donde la población bajo análisis está representada por negros, mestizos o hispanoamericanos. Estos “curiosos habitantes del planeta” incluso son mencionados en los títulos de los artículos para diferenciarlos de los blancos pudientes, mayoritariamente propietarios de la economía, la ciencia y la cultura occidental.

Sin embargo, y pese a la omisión prejuiciosa de nuestra existencia, las publicaciones de aquella parte abren o cierran cauces de estudio en la comunidad académica local.1

Para lograr semejante poder persuasorio no sólo publican artículos relevantes e insípidos en proporciones normales, sino que también disponen de créditos y subsidios gubernamentales o privados, abundantes recursos económicos propios y áreas periodísticas vinculadas con agencias de noticias, diarios, radios y televisoras que diseminan por el mundo buena parte de sus novedades.


Los papers que compiten
Al concluir el siglo pasado la dispersión caracterizó la conducta política de América latina.

Las diversas ramas científicas de la Argentina también sufrieron la desregulación impuesta a la economía. Este rubro de la actividad social no sólo fue testigo del cierre, deterioro y destrucción de sus espacios de trabajo, sino que además contempló el incremento desmedido de la emigración de sus profesionales.

El alejamiento de nuestros prójimos se orientó a lugares distantes pero extrañamente aproximados por efecto de las enseñanzas que durante tantas décadas exaltaron el menoscabo a la producción y cultura original. Mientras una cantidad de jóvenes profesionales partían físicamente, buena parte de los que quedaban eran instruidos para venerar las diversas propuestas provenientes de los países centrales.

Las convocatorias que auguran fama seducen a miles de profesionales formados en la admiración acrítica de las instituciones y ambientes ajenos, no próximos y menos prójimos.

Entre los reconocimientos anhelados se destacan los concedidos por las editoriales extranjeras que excepcionalmente aceptan publicar papers locales.

Los investigadores de América latina existen, pese a su escasa presencia en la mayoría de las publicaciones exitosas, no tanto por su calidad, sino por los admirados lugares donde se editan. De igual forma, adolecen de inexistencia las revistas especializadas de la región porque las bases de datos endiosadas las excluyen en nombre de normas cuyas exigencias se relativizan cuando juzgan las publicaciones de sus países.

En consecuencia, autores y revistas compartimos la indiferencia a que nos someten los nunca del todo bien amados árbitros del conocimiento científico mundial.2

Los intentos por publicar en revistas del exterior, sumados a la pasividad de las autoridades públicas de la ciencia y la educación para contrarrestar tal deseo, implican la participación de los compatriotas en proyectos patrocinados por organismos de gobierno, universidades, fundaciones o instituciones del extranjero, deseosas de obtener recursos humanos que los acompañen en sus proyectos.

Es absurdo inculcar que el eco científico se encuentra al obtenerse el reconocimiento de las instituciones o revistas extranjeras. Estas sólo nos asegurarán el rincón oscuro de un escenario cuyo telón únicamente se descorre para los espectadores de las primeras filas del mundo privilegiado.

La salud de la población afectada por la indigencia o las enfermedades de la incertidumbre merece sistemas de comunicación que concentren la experiencia dispersa mediante el trabajo mancomunado de nuestros profesionales e investigadores.


Los medios científicos y masivos
Es necesario que las investigaciones para el bien común encuentren el espacio editorial de calidad, del país o de la región, que las difunda.

Las barreras comerciales que impiden trasponer esta elemental pretensión son impuestas por eventualidades habitualmente ligadas a intereses en juego. Las barreras culturales son bastante más sutiles: inculcadas desde los estamentos básicos de la educación, se profundizan no sólo en las aulas especialmente relacionadas con las ciencias, sino que se alimentan en secciones científicas de medios masivos cuyas novedades enaltecen los supuestos progresos de las ciencias del norte occidental.

Rara vez los pocos medios que todavía concentran la información harán referencia a un estudio difundido en una publicación argentina o latinoamericana.

Sin embargo, cuando una investigación ingresa a una revista en lengua inglesa tal hecho significará suficiente prueba de calidad para que la novedad trascienda en titulares y cubra las columnas científicas de los diarios.

A partir de allí, el autor argentino que publicó en el extranjero habrá subido un escalón del podio académico, a cuya cima accederá en la medida que sus papers continúen editándose en el exterior, con temas útiles a la impoluta ciencia universal.

Esta sobrevaloración de los trabajos locales hechos públicos en revistas o eventos biomédicos extranjeros, encuentra promotores en claustros universitarios, en directivos de organismos del Estado que aún determinan la política científica y en los medios de comunicación que cotidianamente alimentan el descreimiento en el país productivo.


Autores y editores argentinos
Es imprescindible superar la discriminación a que son sometidos los autores que escriben y editan sus documentos científicos en medios científicos locales, como asimismo respaldar a los editores especializados, asociaciones profesionales e instituciones de la medicina y la salud que producen publicaciones científicas en la Argentina.

Para tal fin se debe convocar a un amplio debate acerca de los criterios de calificación académica de las publicaciones locales con el objetivo de implementar la regulación de sus contenidos, contemplándose para ello no sólo los criterios internacionales sino también las necesidades propias de incrementar la cantidad y calidad de trabajos científicos que contemplen las prioridades de estudio según las problemáticas médicas y sanitarias del país y sus habitantes.

Para que las revistas especializadas se adecuen a los requerimientos mencionados será imprescindible que el Estado financie la instrucción y aplicación de las casas editoriales, asociaciones profesionales e instituciones que periódicamente publican documentación científica.

Las universidades y organismos de investigación dependientes del Estado nacional deben valorar la publicación de trabajos en los medios científicos que ajusten su producción a los nuevos criterios. Sus alcances actuales se limitan a los esfuerzos personales de pocos directores, devenidos en imprenteros, correctores, diseñadores, administradores y distribuidores de ejemplares cuyos alcances dentro y fuera del país se verán restringidos vistos los elevados costos de los despachos postales.

La pronta implementación de una política nacional que patrocine, promocione y difunda los medios científicos permitirá la visibilidad de las investigaciones argentinas tanto en el país como en el mundo.

El rescate del conocimiento científico iberoamericano y sus herramientas para difundirlo contribuirá a su divulgación masiva en los planos local e internacional. Cuando ello ocurra, habremos logrado que toda la información, incluso la propia (aunque resulte paradójico), se encuentre a disposición, sin exclusiones ni prejuicios culturales.

Rafael Bernal Castro
Director editorial
1. Entre las publicaciones clínicas con mayor incidencia y tirada se destacan las semanales New England Journal of Medicine, JAMA, British Medical Journal y The Lancet.
2. Los artículos de autores latinoamericanos y caribeños clasificados en Medline durante 2007 sólo representan el 2.7% de su total. Al sumarse los españoles y portugueses la cifra asciende al doble igualmente pobre. Fuente: RICyT, 2010.



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